Corrosión: qué es y cómo afecta al agua
¿Qué es la corrosión?
La corrosión es un proceso químico o electroquímico mediante el cual los materiales —principalmente los metales— se degradan al reaccionar con su entorno. En el contexto del agua potable e industrial, la corrosión ocurre cuando el agua interactúa con tuberías, depósitos, válvulas u otros elementos metálicos, provocando su deterioro progresivo.
No se trata de un contaminante específico, sino de un comportamiento del agua, influido por su composición química y sus condiciones físicas.
Propiedades y factores que influyen en la corrosión
La tendencia del agua a causar corrosión depende de varios factores:
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pH: aguas ácidas (pH bajo) suelen ser más corrosivas.
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Alcalinidad: baja capacidad tampón favorece la corrosión.
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Dureza: aguas blandas suelen ser más agresivas con los metales.
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Oxígeno disuelto: acelera reacciones de oxidación.
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Sales disueltas (conductividad): aumentan la velocidad de los procesos electroquímicos.
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Temperatura: a mayor temperatura, mayor velocidad de corrosión.
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Material de las tuberías: hierro, acero, cobre, plomo o galvanizados reaccionan de forma distinta.
¿Dónde se produce la corrosión?
La corrosión puede producirse en cualquier sistema donde el agua esté en contacto con materiales metálicos, como:
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Redes de distribución de agua potable
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Instalaciones domésticas (fontanería, calentadores, calderas)
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Sistemas industriales y de refrigeración
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Torres de enfriamiento
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Depósitos y tanques metálicos
Aunque el agua salga tratada correctamente de la planta, la corrosión puede generarse dentro de la red o en las instalaciones internas de los edificios.
¿Por qué es importante controlar la corrosión?
Impacto en la calidad del agua
La corrosión puede provocar:
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Coloración del agua (rojiza o marrón por hierro).
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Sabor metálico desagradable.
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Turbidez por partículas desprendidas de las tuberías.
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Manchas en sanitarios, ropa o superficies.
Además, al deteriorarse las tuberías, pueden liberarse metales al agua, afectando su calidad..
¿Cómo se puede controlar la corrosión?
Las estrategias más comunes para reducir la corrosión incluyen:
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Ajuste del pH para mantenerlo en rangos estables
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Incremento de la alcalinidad para mejorar la capacidad tampón del agua
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Uso de inhibidores de corrosión, como fosfatos
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Selección adecuada de materiales en las instalaciones
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Monitoreo continuo de los parámetros del agua
En sistemas de agua potable, el control de la corrosión es una parte fundamental del tratamiento y la gestión de la red.
Conclusión
La corrosión no es solo un problema técnico, sino un factor clave que influye directamente en la calidad del agua, la salud de las personas y la durabilidad de las infraestructuras. Comprender cómo y por qué ocurre permite tomar decisiones informadas para mantener sistemas de agua más seguros, eficientes y sostenibles.
El agua que circula por tuberías y sistemas puede presentar características invisibles que, a lo largo del tiempo, afectan la integridad de las instalaciones. Cuando estas propiedades no están equilibradas, incluso pequeñas variaciones pueden dejar su huella en superficies metálicas y equipos, comprometiendo la eficiencia y durabilidad del sistema.
Las soluciones convencionales a menudo ofrecen un alivio temporal, pero no siempre atacan la causa subyacente del desgaste, dejando que los daños se acumulen lentamente y afecten la seguridad y el rendimiento de las instalaciones.
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