Fosfatos en el Agua Potable: ¿Aliados o Riesgo?
¿Qué son los fosfatos?
Los fosfatos son compuestos químicos que contienen fósforo, un nutriente esencial para plantas, animales y seres humanos. En el ámbito del agua potable, el tipo más comúnmente utilizado es el ortofosfato, empleado como aditivo en las redes de distribución de agua para prevenir la corrosión de las tuberías, especialmente aquellas con plomo y cobre.
¿Por qué se añaden al agua potable?
Los sistemas públicos de agua añaden fosfatos, sobre todo ortofosfato, para formar una capa protectora en el interior de las tuberías. Esta capa reduce la liberación de metales pesados, como el plomo y el cobre, en el agua que llega al grifo. También se utilizan polifosfatos para secuestrar hierro y manganeso, ayudando a mantener el agua clara y sin sabor metálico.
¿Cuáles son sus beneficios?
- Prevención del envenenamiento por plomo: El ortofosfato forma compuestos insolubles con plomo y cobre, lo que impide que estos metales se disuelvan en el agua.
- Mejora de la calidad del agua: Reduce la turbidez, manchas y sabor desagradable al controlar metales como el hierro y el manganeso.
- Control de la corrosión: Protege las tuberías antiguas, alargando su vida útil y reduciendo costes de mantenimiento.
¿Hay riesgos para la salud?
En las concentraciones típicamente utilizadas para tratamiento de agua (1-2 mg P/L), los fosfatos no suponen un riesgo directo para la salud humana, según la EPA y la OMS. Sin embargo, su exceso puede tener efectos secundarios indirectos:
- Alteración de biofilms: Un estudio del University of Sheffield encontró que el aumento de fosfatos en redes de agua favorece cambios en la estructura microbiana del biofilm, pudiendo alterar su equilibrio ecológico y facilitar la aparición de organismos indeseables.
- Contaminación ambiental: Se ha demostrado que las fugas de agua tratada con fosfatos representan una fuente significativa de contaminación por fósforo en ríos y zonas costeras. En el Reino Unido, se estimó una fuga de 1.200 toneladas de fósforo al año desde redes urbanas, afectando directamente a ecosistemas acuáticos.
¿Qué dice la normativa?
Aunque el fósforo no está regulado directamente como contaminante en muchas guías de calidad del agua potable, su uso está estrictamente gestionado por normativas sanitarias y ambientales. En la UE y EE. UU., su uso se justifica solo cuando es necesario para prevenir riesgos mayores como el plomo en agua potable.
La EWG establece un límite máximo de 0.5 mg/L.
Conclusión
¿Aliados o riesgo? Los fosfatos, bien gestionados, son herramientas valiosas para proteger la salud pública frente a metales tóxicos. Sin embargo, su uso debe ser cuidadosamente monitoreado para evitar impactos ecológicos y alteraciones microbianas en las redes de distribución.
Recomendación: Consulta con tu compañía de agua local si tienes tuberías antiguas o sospechas de plomo. El uso de ortofosfatos puede ser clave en mantener tu agua segura y saludable.
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El agua puede contener fosfatos que, aunque no siempre sean visibles, tienen un impacto directo en su calidad y estabilidad. Estos compuestos suelen proceder de detergentes, fertilizantes y vertidos industriales, y su presencia sostenida puede favorecer la proliferación de algas y afectar tanto la percepción del agua como la integridad de redes y sistemas de distribución.
Los métodos de filtración tradicionales no siempre eliminan eficazmente los fosfatos, dejando que pequeñas concentraciones persistan y generen problemas estéticos, técnicos y ambientales.
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