Zinc en el agua potable: esencial pero con precaución
¿Qué es el zinc y por qué nos importa en el agua potable?
El zinc es un elemento traza esencial para el cuerpo humano. Está presente de forma natural en el aire, el suelo, el agua y los alimentos, y nuestro organismo lo necesita para funciones vitales como la activación de enzimas, el sistema inmunológico o la cicatrización de heridas. Sin embargo, como ocurre con muchos compuestos, una dosis alta y prolongada puede generar efectos adversos para la salud.
En el contexto del agua potable, el zinc no representa un riesgo para la salud humana en los niveles comúnmente encontrados, pero sí puede afectar la aceptabilidad del agua por sabor metálico o apariencia.
¿Cómo llega el zinc al agua potable?
El zinc entra en el ambiente y en el agua a través de fuentes naturales y actividades humanas como:
- Galvanización (recubrimiento de hierro o acero para evitar corrosión).
- Fabricación de aleaciones como el latón o el bronce.
- Liberación por corrosión de tuberías y componentes de fontanería que contienen zinc o aleaciones como el latón (una mezcla de cobre y zinc).
- Contaminación industrial y residuos que llegan a las aguas subterráneas o superficiales.
Según el ATSDR, el zinc se ha detectado en al menos 985 sitios contaminados del National Priorities List en EE.UU., donde representa una fuente potencial de exposición humana.
¿Qué dice la OMS sobre el zinc en el agua?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el zinc:
- No representa un riesgo para la salud a los niveles habitualmente encontrados en el agua potable.
- No se considera necesario establecer un valor guía basado en la salud.
- Puede alterar el sabor del agua a concentraciones superiores a 3 mg/L y provocar apariencia opalescente o película grasosa al hervirla.
En otras palabras: si el agua tiene mal sabor o aspecto metálico, puede ser por zinc, pero no necesariamente será dañina para la salud.
¿Y en la normativa internacional?
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OMS: no establece un valor guía sanitario, pero sugiere que concentraciones mayores a 3 mg/L afectan la aceptabilidad del agua.
- EPA (EE.UU.): ha fijado un nivel secundario de contaminante (non-mandatory) de 5 mg/L, enfocado en criterios estéticos (sabor y color), no en salud.
- Health Canada y otras autoridades sanitarias coinciden en que el zinc en el agua rara vez representa un riesgo toxicológico, salvo en casos de ingesta crónica de agua altamente contaminada por instalaciones deterioradas o exposición ocupacional.
- La EWG establece un límite máximo de 1000 µg/L.
¿Qué efectos puede tener el exceso de zinc?
Aunque el zinc es esencial, la exposición excesiva a largo plazo puede:
- Interferir con la absorción de otros minerales como el cobre y el hierro.
- Provocar náuseas, vómitos, calambres estomacales y diarreas.
- Generar alteraciones en el metabolismo lipídico e inmunológico en exposiciones prolongadas.
No obstante, para que el zinc en el agua cause estos efectos, se requieren niveles considerablemente más altos que los que se encuentran típicamente en redes de distribución pública.
Corrosión del latón y liberación de zinc
Estudios recientes (ScienceDirect, 2024) demuestran que:
- El pH bajo y la presencia de cloro libre aumentan la liberación de zinc desde componentes de latón en contacto con el agua.
- El fenómeno de deszincificación del latón —donde el zinc se disuelve dejando una estructura porosa— puede ser una fuente importante de zinc disuelto en agua.
- El riesgo es mayor en sistemas antiguos, zonas con agua ácida o materiales no regulados.
Conclusión
El zinc es un nutriente esencial y su presencia en el agua potable no es un motivo de alarma sanitaria en condiciones normales. No obstante:
- Puede afectar la calidad sensorial del agua (sabor y aspecto).
- La corrosión de tuberías metálicas puede ser una fuente de zinc, cobre y plomo.
- El control del pH del agua, el cloro y el tipo de materiales utilizados en fontanería es clave para evitar la liberación de metales.
Recomendación: Si percibes sabor metálico, opalescencia o sospechas de tuberías envejecidas, considera un análisis del agua y consulta con un especialista en sistemas de distribución.
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El agua puede contener zinc, un metal que, aunque necesario en pequeñas cantidades, puede afectar la calidad del agua cuando está presente en exceso. Su origen suele ser la corrosión de tuberías metálicas o vertidos industriales, y aunque no siempre sea visible, puede influir en el sabor, la apariencia y la potabilidad del agua.
Los sistemas de filtración convencionales no siempre eliminan el zinc de manera constante, dejando que pequeñas concentraciones permanezcan y comprometan la percepción de seguridad y calidad del agua.
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